El vértigo, una fuga

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El vértigo es la sensación de desequilibrio que suele estar asociada con enfermedades orgánicas como la infección de oído interno o del nervio vestibular (encargado de captar el sonido y mantener el equilibrio), Investigaciones recientes (Alemania) han dado cuenta que es síntoma padecido por más de un tercio de los casos no tiene causas orgánicas sino alteraciones psicológicas relacionadas a episodios de presión emocional (ansiedad, angustia) en el hogar, en la pareja o en el trabajo. Hay pacientes que no adolecen una deficiencia orgánica y experimentan con la misma intensidad la alteración psicológica del equilibrio que se la denomina: “vértigo somatomorfo” (Tschan & Wiltink, 2012). Las fluctuaciones del humor, confusión emocional, estrés prologado por sucesos vitales como una separación, pérdida de una persona querida, experiencias traumáticas, pueden desencadenar en vértigo.

Para Adler, un cuadro neurótico, al igual que todos sus síntomas, están no sólo influidos sino construidos en relación a un objetivo final ficticio. Los síntomas surgen frente a una demanda exógena, creados para eludir las tareas fundamentales del hombre: la amistad, el trabajo y la sexualidad.
Lo que subyace a toda “desviación social” es un sentimiento de inferioridad donde el individuo se presenta como incapaz de adaptarse a los cambios con libertad y responsabilidad. Todos los síntomas tienen el objetivo de asegurar el prestigio del paciente.

Bernstein afirma que: “el drama del neurótico es el drama del hombre que no puede porque no cree poder; que se ha hecho neurótico porque no creía poder ser otra cosa. Eso, porque como decía Séneca: ‘Todo depende de la opinión. Cada cual es tan miserable como cree serlo’” (28).

Los pacientes con vértigo temen perder el control en público, son hipersensibles a las oscilaciones del cuerpo por considerarlas señales anticipatorias de los ataques, lo que genera que entren en tensión muscular predisponente al ataque de vértigo.

En Alemania se estima que sólo un tercio de los afectados recibe una terapéutica apropiada y que tenga en cuenta las motivaciones psicológicas para abordar el trastorno, pero más precisamente, la personalidad total.

Para nosotros, la recomendación para las llamadas enfermedades mentales como depresión, crisis de pánico y vértigo, es una psicoterapia breve adleriana con el complemento de los grupos terapéuticos de risa.

En el fondo (inconsciente) de todas estas llamadas enfermedades está la angustia de no poder resolver los problemas de la vida. Ernest Jones en su libro “La pesadilla”, caracteriza las pesadillas como: (1) un miedo mortal, y comenta que el mejor vocablo que encuentra para definirlo es el “Angst”, porque denota la precisa combinación de aprensión temerosa, terror, pánico y angustia paroxística, el rasgo dominante es su intensidad. Al respecto Macnish dice: “reduce el coraje de un héroe al de un niño”, (23); (2) Una sensación de opresión que dificulta en forma alarmante la respiración y (3) un extremo sentimiento de impotencia, de parálisis (Jones, 1967).

En el “Sentido de la vida”, Adler aborda una serie de sueños tipo y se refiere a los “sueños de caída”, afirmando que “revelan la disposición angustiosa del soñante a no perder nada en absoluto de su sentimiento del propio valor; pero expresan al mismo tiempo, en forma espacial, que en su fuero interno se cree “más alto de lo que está” (258, 1959).

En el ensayo adleriano “Fundamentos de Psicología Profunda Teleológica” de Hazán & Titze narran un caso de aliento y de psicología positiva: “Cuando un niño senoi tiene una pesadilla en la que se siente caer, sus padres le dicen que es algo maravilloso, que ese sueño puede llevarlo a muchas cosas buenas, con la condición de que explore el sitio de la caída y vea lo magnifico que es allí. Para el senoi adulto todas las imágenes de los sueños tienen significado y promesas alentadoras porque de niño le han educado a hacer amistad con ellas. Un pesadilla en este caso, es un viaje al país de los espíritus de la caída, que aman al soñador y le darán placeres y poderes espirituales” (109 – 110, 2011).

En psicoterapia adleriana se alienta al paciente a no luchar con sus sentimientos sino más bien a aceptarlos como parte de la consigna de “tener el coraje de ser imperfecto”. Una vez explicadas las motivaciones inconscientes que mueven su comportamiento y las mociones que precipitan su trastorno, se les invita a tener un ataque de vértigo de forma intencionada con el objetivo de perder el miedo a tenerlos. Además, se le prescribe los grupos terapéuticos para recuperar el equilibrio corporal y la vitalidad en las relaciones.

Las intervenciones paradojales tienen el sello de Alfred Adler, el ejemplo paradigmático fue cuando le pidió a una niña con conductas agresivas hacia sus padres, que colocara un cartel con letras mayúsculas donde dijera “Debo molestar a mis padres”.

El que utilizó las intervenciones paradójicas de forma sistemática fue Milton Erickson, cuando alguien acudía por problemas de adicción no le pedía que dejara el hábito sino todo lo contrario, que lo intensificara. Una vez llegó un paciente que quería dejar el cigarrillo y el alcohol, pero en vez de ceder a la demanda, Erickson lo mandó a comprar la mercadería no en las tiendas de su zona sino en otras que estuvieran a un kilómetro y medio, de esta forma le hizo reconsiderar sus hábitos. Otro caso de “lógica indirecta” fue con una mujer que quería perder peso, pesaba 95 kilos y quería pesar 75. La paciente estaba atrapada en el patrón de ganar peso y perder peso. Erickson le dijo que la podía ayudar siempre que ella cumpliera una promesa. La mujer aceptó y la promesa consistía en que tenía que aumentar de peso hasta los 100 kilos. Ella se resistió pero logró el peso pautado, sin embargo estaba tan desesperada y con ganas que se le “permitiera” perder peso que llegó a los 75 kilos sin problema. Erickson concluye que sólo se puede alcanzar el cambio en una persona si ella es “dueña” de su propio cambio.

En este caso, desde el ángulo afectivo, Erickson invirtió la pauta de subir- bajar subir: “su pauta habitual había sido bajar de peso y después subir. Yo se la invertí: la hice subir primero y bajar después. Y ella quedó satisfecha con el resultado y se mantuvo en ese peso. No quería mantener nunca más esa horrible agonía de aumentar 10 kilos”. Rosen analiza: “este método de invertir pautas habituales o de mirar las cosas de manera opuesta era uno de los favoritos de Erikson para modificar disposiciones mentales. Le gustaba mostrar a sus pacientes un libro llamado Topsys & Turvys (cabeza arriba, cabeza abajo) cuyas ilustraciones y relatos cambiaban de significado al invertir el volumen” (111).

Lidia Sicher una de las primeras discípulas de Adler clasificó a los seres humanos en horizontales y verticales. El hombre vertical es que apunta al poder (abajo y arriba). Mientras que el hombre horizontal es más democrático y tiende de ir de menos a más. Tengamos en cuenta que etimológicamente vértigo bien de vertical pero también de “vertere” (dar vueltas, girar) es propio de quien no se atreve a encarar el problema como propio.

Bibliografía

Alfred Adler. (1959). El carácter neurótico. Buenos Aires: Paidós

Alfred Adler. (1959). El sentido de la vida. Barcelona: Luis Miracle

Hazán Y. & Titze M. (2011). Fundamentos de Psicología Profunda Teleológica. Montevideo: Psicolibro.

Enrnest Jones. (1967). La pesadilla. Buenos Aires: Paidós

R. Tschan & J. Wiltink. Vértigos. En Revista Mente y Cerebro, nº 55, 2012, Barcelona (76-79)

Sidney Rosen. (1991) Mi voz irá contigo – los cuentos didácticos de Milton H. Erickson. Buenos Aires: Paidós

Fuente: Psyciencia.com

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Andres Buschiazzo

Psicólogo clínico - Psicoterapeuta Analista Didacta - Director académico Centro de Estudios Adlerianos