Psicología y religión

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La primera edición en lengua española de la obra “Religión y Psicología Individual” (“Religion und Individualpsychologie” – 1933 – ), fue realizada por Prof. Yaír Hazán. Ésta y “El sentido de la vida” aparecida en el mismo año destacan el papel fundamental que tienen la religión y la idea de Dios en el comportamiento del individuo y en el progreso de la sociedad.

El libro, corolario de un intercambio epistolar (1930 – 1933) entre Alfred Adler y el pastor luterano Ernst Jahn, contiene un debate sobre el enfoque teológico y psicológico de Dios. Para Adler, es una ficción/idea mientras que para el ministro protestante, una realidad. Aunque no es tan simple, trataré más de aclararlo en el texto.

Esta discusión se ha configurado en una confrontación argumentativa entre la religión y la cultura que hoy tiene el mérito de actualidad. Nos toca convivir con filosofías o seudofilosofías como la Nueva Era (“New age”) que “prometen la salvación”, que son productos de la crisis de la post-modernidad, la pérdida de valores suplidos por un consumismo exacerbado que hace que las personas llenen sus vidas con objetos desechables y supletorios. Consecuencia directa de la pérdida de poder y credibilidad de algunas instituciones milenarias que se han preocupado por conservar el dogma como la expresión de una doctrina que no acompaña los procesos de cambios culturales. La vorágine del mercado de consumo parce ser el nuevo dios con el cambio de la pérdida de sentido de pertenencia. Lo global ha escamoteado la identidad local de las comunidades.

Barylko denuncia que vivimos la era de los medios sin fines. Las personas consumen con el “sueño fanático de status”, el autor se pregunta el para qué “para ser superior, ser bien visto, ser mirado, admirado y envidiado”.

La idea de Dios es mejor definida con arreglo a la psicología profunda como la búsqueda de la divinidad como aquello que no podemos palpar. Rovera en su reciente artículo “Culturas y religiones en la crisis de la post-modernidad” prefiere hablar de religiosidad en lugar de religión. Porque religiosidad engloba tanto a los creyentes y a los no creyentes (incluyendo los llamados “ateos devotos”) y puede manifestarse de diferentes maneras y en diversas culturas, con las prácticas rituales y actos ceremoniales que surgen de los marcos históricos y sociales de un contexto determinado.

Ésta es precisamente la razón por la cual consideramos que es útil hacer referencia al intercambio epistolar entre Jahn y Adler (1930-1933), que representa un intercambio de ideas encomiable. La religión y la psicología adleriana parecen tener algunas “cosas en común”: el pensamiento, el sentimiento y la voluntad, con especial énfasis en la búsqueda del hombre de la perfección (Adler, 1933).

En este debate, el énfasis se centra en la comprensión explicativa / compartida del papel desempeñado por los sentimientos en la vida psicológica. La psicología adleriana se basa en que los sentimientos, como todos los demás procesos psicológicos, están orientados hacia un objetivo unitario. Al confiar en un estado religioso de la mente, tal vez sea posible entender a Dios de una manera intuitiva: pero incluso si los individuos persiguen ideales humanos, los sentimientos se acomodan para ser impulsados por un objetivo final. Como una criatura nacida en la Tierra, el individuo es impulsado por un movimiento que deriva de él y se persigue mediante el conocimiento intuitivo y pruebas científicas.

Para Adler los movimientos humanitarios deben ser correlacionados no sólo a la religión, sino también a la ciencia. Por el contrario, Jahn afirma que lo que impulsa al hombre hacia los intereses de la comunidad es una fe profundamente sentida y que la única forma apropiada de resolver los problemas humanos es mediante la producción de beneficios para una comunidad ideal.

Cuando el pastor habla de “tensión de las almas”, alude al concepto de Heráclito de que “la armonía es el producto de tensiones opuestas”.

Sin temor a equivocarme, se podría afirmar que el creador del concepto de estrés o para ser cautelosos, los antecedentes del concepto de estrés lo encontramos en el mismo Jahn cuando utiliza el constructo de “tensión de almas”. El problema de salud que prevalece en la actualidad (y, por lo que sabemos el más grave) es el estrés. H. Selye, a quien se le adjudica ser el creador del concepto de estrés, lo define como “la tasa de desgaste y deterioro del cuerpo humano”. Por consiguiente, esta definición abarcaría las exigencias –emocionales o físicas- que sobrepasan la capacidad disponible de cualquier individuo.

En distintas partes del texto, Jahn menciona que para darse la curación de las personas antisociales es necesario un misterio de amor (“ágape”) nacido de Dios y que actúa como una obligación sagrada. Ágape en griego, es lo mismo que “caritas” en latín, que es el amor desinteresado y asexuado. Primero es bueno precisar el término de almas (que es en sentido teológico) por el de psique (en sentido psicológico), segundo en psicoterapia no hablamos de “cura” ya que consideramos estilos de vida y no enfermedades. La empatía, el interesarse humanamente por el paciente son las claves para llevar a cabo una psicoterapia o counselling exitoso. El considerar que la psicoterapia es un tratamiento de las relaciones interpersonales, posición adleriana desde los comienzos, representa un progreso en comparación con el concepto de que la terapia es la “cura”. Después de la terapia la gente sigue siendo la misma que era antes, solamente ocurre que ven las cosas de diferente manera.

Para el pastor Jahn, Adler tiene una postura antropocéntrica: es decir la humanidad es el centro del mundo, mientras que la interpretación cristiana de la vida es teocéntrica el hombre es juzgado por Dios. Aquí podemos desarrollar otro punto importante de la discusión:

Culpa versus Responsabilidad

Para el pastor Jahn el cristiano es responsable de su pecado delante de Dios: que él es responsable ante Dios por sus hechos, se enfrenta al juicio y la ira de Dios. En cambio, para Adler el ser humano debe ser responsable porque es libre. Ser responsable es ser capaz de responder por lo que se ha hecho, asumiéndose como acto propio y tal respuesta tiene al menos dos facetas importantes. Una es responder con “yo he sido” cuando los demás quieren saber quién llevó a cabo determinada acción (que puede ser buena o mala o un poco de ambas) y segundo, ser capaz de dar razones cuando se nos pregunta por qué se hicieron estas acciones. Y la posibilidad de participar de forma reparadora lo que se ha dañado, para poder ser perdonado por lo que se hizo para no volver a lo mismo. El psicoanálisis freudiano colocaba al hombre determinado por el inconsciente por tanto no libre. Dreikurs aclaró el tema al expresar que “Adler liberó al hombre de la causalidad y lo gravó con la responsabilidad” por tanto libre. Para Adler, el hombre no nace ni bueno, ni malo, pero puede ser educado en una de estas modalidades. El rol de todo profesional es reeducar a la persona por el lado útil de la vida: el sentimiento de comunidad “Gemeinschaftsgefühl”.

Freud tiene una actitud escéptica y pesimista de la religión como una ilusión al afirmar que “la religión se interpreta como una neurosis obsesiva infantil de la humanidad, donde la consciencia es el resultado de una descarga de la agresión, culpa que se hace evidente a partir del complejo de Edipo” (Jahn). En los últimos años Freud centró su interés en la cultura y la religión y publicó una serie de estudios: “El Porvenir de una Ilusión” (1927), “El Malestar en la Cultura” (1929) “Moisés y la Religión Monoteísta” (1934).

Jung en “Psicología y Religión” (1949) considera la experiencia religiosa como “numinosa”, que se encuentra más allá de la comprensión humana. No consideraba la religión como una práctica opcional sino como un aspecto esencial del hombre. La necesidad del ser humano de creer en algo superior es de todos los tiempos y de carácter universal / colectivo, por eso Jung decía que la psicoterapia se pude tornar nefasta si no se tiene en cuenta el contenido religioso de los sueños. La religión queda vinculada al constructo junguiano de “inconsciente colectivo” y al “proceso de individuación”: “en el cual el yo cede a la centralidad de la imagen de dios, el sí mismo”. Por religión entiende: “…una actitud mental peculiar que podría formularse de acuerdo con el empleo original de la palabra ‘religio’, que significa la cuidadosa consideración y observación de ciertos factores dinámicos concebidos como ‘poderes’: espíritus, demonios, dioses, leyes, ideas ideales o cualquier otro nombre que el hombre haya dado a los factores de su mundo…” (Mary Ann Matton, 51-52)

Adler hizo alusión, en muchos de sus trabajos a la religión y al concepto de Dios. Este libro conforma una discusión en torno a estos temas y a la psicoterapia y la dirección espiritual desde los puntos de vista religiosos y de la psicología adleriana. El punto más importante de la discusión lo encontramos en Jahn, que considera a Dios como una realidad magnífica, mientras que para Adler Dios es una idea o un ideal. De acuerdo a las notas del curador, el pastor Jahn no discrimina el plano psicológico del epistemológico, que Dios esté en el pensamiento ya es per se, una realidad psicológica. Lo que ocurre es que él aborda el tema desde una psicología muy influida, como no puede ser de otra manera para un pastor, por la teología y la fe. Confrontación en la que Adler reconoce la irracionalidad de la religión cuando expresa: “Dios como don de la fe”, pero para Jahn las cosas está más claras cuando dice: “La fe es un don de Dios”.

Adler no oculta su admiración y respeto por la religión, por lo que consideramos de pésima interpretación los artículos que circulan por Internet y hablan de que Adler era ateo. Sino que reconoce la importancia social que han tenido a lo largo de la evolución del hombre las religiones, como una forma de expresión del sentimiento de comunidad.

En el libro “El sentido de la vida” Adler dice:

“La suprema representación de esta ideal sublimación humana es el concepto de la divinidad. No cabe duda de que este concepto de Dios abarca en su seno como un objetivo aquel movimiento hacia la perfección, ni de que como representación concreta de superación es el que más armonía está con el obscuro anhelo de la humanidad hacia la perfección. Claro está que cada cual se representa a su Dios a su manera. Seguramente existen representaciones que no armonizan con el punto de vista de la perfección. Pero en su aceptación más pura podemos decir que en el concepto de divinidad se ha conseguido la formulación concreta del objeto de perfección. La fuerza primigenia, tan pujante en el planteamiento de los objetivos religiosos para orientación de los humanos y que tenía por objeto unir a los hombres con irrompibles lazos, no era sino el sentimiento de comunidad, que debemos de considerar como un producto de la evolución, y el afán de llegar cada vez más arriba en el trascurso de la misma” (Adler, 268). Adler reconoce en su psicología vestigios de una metafísica, a saber de él:

“Las ideas nuevas van siempre más allá de la experiencia inmediata. Esta experiencia no proporciona nunca nada nuevo, sino que resulta de la síntesis de aquellos hechos. Llámese a esto actitud especulativa o trascendental, lo cierto es que no ha ciencia que no desemboque forzosamente en la metafísica. No veo la razón por la cual deberíamos temerle cuando ha influido tan hondamente en la vida del hombre a lo largo de la evolución” (Adler, 270).

Preguntas como: “¿Cuál es el propósito de mi vida”, “¿Hay vida después de la muerte ‘,’ ¿Por qué existe el mal en este mundo? ” ¿Por qué yo? ” ¿Por qué ahora? “, son inherentes a la complejidad de la existencia humana, que han servido para orientarnos en el mundo y dar sentido a la vida.

Siguiendo el temario propuesto por Bernstein el libro aborda los siguientes puntos: el hombre y la sociedad. El sentimiento religioso y el sentimiento de comunidad. Desarrolla la concepción axiológica y educacional de la psicología adleriana frente a los problemas trascendentales y la relación individuo-comunidad.

Adler y su teoría, si es posible esta división entre autor y teoría muy bien expuesto por el constructivista Bruner en sus postulados narrativos, Adler contemplaba más bien a un compromiso político “sub specie aeternitatis, es decir, bajo la aspiración a una forma comunitaria que se debe concebir como eterna, tal como se podría imaginar si la humanidad hubiera alcanzado la meta de la perfección” (Adler 1933, 260).

Cuando Adler se le criticaba su “indiferencia a la ciencia” por el sentido común, reclamo que principalmente pasaba por psiquiatras que se encontraban enceguecidos por los tratados psiquiátricos “objetivos” y nada prácticos, Adler les replicaba, como mucho aplomo: “Me ha llevado 40 años de trabajo lograr que mi psicología fuese sencilla. Podría simplificarla más aun diciendo: toda neurosis es vanidad, pero correría el riesgo que ni aun así me comprendieran”.

Una vez una persona del auditorio increpó que su psicología era de sentido común y a lo que respondió perspicazmente: “¿Y qué hay de malo con el sentido común?”

Bibliografía

Adler, A (1959). El sentido de la vida. Barcelona: Miracle

Adler. A. & Jahn, E. (2013) Religión y Psicología Adleriana. Montevideo: Centro de Estudios Adlerianos

Ansbacher, H. & Ansbacher, R. (1964). The Individual Psycology of Alfred Adler. New York: First Harper Torchbook

Barylko, J (1995). Los hijos y los límites. Buenos Aires: Emecé

Freud, S.: (1927) El Porvenir de una Ilusión. Amorrortu, Bs. Aires, 1986.

Freud, S.: (1930) El Malestar en la Cultura. Amorrortu, Bs. Aires, 1986.

Heidbreder, E. (1976) Psicologías del siglo XX. Buenos Aires: Paidós.

Mattoon, M, A. (1980). El análisis junguiano de los sueños. Buenos Aires: Paidos

 

Publicado: 02.12.2013

Argentina: Psyciencia

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Andres Buschiazzo

Psicólogo clínico - Psicoterapeuta Analista Didacta - Director académico Centro de Estudios Adlerianos